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Una cosecha abundante |
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Hacer una mirada
hacia atrás respecto de “Jornadas
de Matrimonios” nos presenta una paradoja: en un sentido,
el poco tiempo transcurrido apenas nos permite una mirada
en perspectiva, pero a la vez es suficiente para disfrutar
lo atesorado en esta historia de gracia
derramada y acogida durante 17 años.
Todo empezó cuando quienes habían hecho la jornada
para jóvenes hace varios años fueron madurando
hasta recibir el sacramento del matrimonio y empezar una etapa
distinta, llena de nuevos desafíos. Entonces surgió la
inquietud de organizar un retiro distinto, propio del matrimonio,
de la pareja, que abarcara esta nueva realidad.
Así fue que un grupo de matrimonios generó junto
a Fray Mariano Liébana O.P. la primera jornada de matrimonios, allá, si la memoria no falla, por el año 1989. A
partir de entonces la evangelización del matrimonio
y la familia, como nos proponía Juan Pablo II en la
recordada “Familiaris Consortio” (1981) formó parte
del trabajo apostólico a través de la Jornada
de Matrimonios.
Aquella primera jornada tuvo el enorme valor de empezar con
algo nuevo, abrir surcos, caminar sin senderos marcados.
Un
retiro para el matrimonio que favorezca el encuentro entre
los esposos y de éstos con Dios. Charlas de los matrimonios
del equipo que prepara la Jornada y diálogo en la intimidad
de la pareja que participa en la Jornada, son elementos básicos
que junto con la oración y la gracia de Dios fueron
transformando a los matrimonios. Como anécdota, hay
quienes recuerdan que en aquella primera jornada se incluyó una
original idea: representar la obra “El taller del orfebre”,
de nuestro admirado pastor Karol Woytila (Juan Pablo II).
Con cada Jornada se incorporaron nuevos miembros a la comunidad
de los que vivieron el encuentro con Dios y con el esposo
de una manera especial. Y como en toda verdadera comunidad,
se compartieron nuevas amistades, se afianzaron las antiguas,
se celebraron los logros de los matrimonios que pudieron superar
a veces crisis de pareja; y también se compartieron
la amargura e impotencia frente al desencuentro y la separación.
Alguna partida inesperada a la casa del Padre, historias de
solidaridad, errores, aciertos, coherencias e incoherencias,
son parte de nuestra joven historia comunitaria.
Nuestro agradecimiento a Fray Mariano
Liébana O.P.,
por su labor de pastor que apacienta y acompaña a las
ovejas; a Fray Rafael Cúnsulo O.P., tan cercano a la
realidad matrimonial, que nos permitió un crecimiento
a su lado; al Padre Yossman Hurtado, que aportó su
carisma y conocimiento del matrimonio y de la familia; a la
Comunidad del Convento de Santo Domingo, que nos hizo sentirnos
en nuestra casa; y a tantos laicos, matrimonios, que han sido
testimonio de Cristo en estos años.
Todo este grato recuerdo nos impulsa a seguir
creciendo, a superar limitaciones propias, a avizorar nuevos
horizontes, a brindar nuevos servicios.
Así sea.
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Guillermo Aguirre |
| Mercedes Origone de Aguirre |
| Jornada 5 de matrimonios |
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| Testimonios J.27 |
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Con la infaltable presencia
de Jesús transcurrió la Jornada 27 para matrimonios.
Somos Angélica y Diego de Corral y nos sentimos muy felices
de que nos hayan invitado a compartir con ustedes nuestra experiencia
durante la Jornada.
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| Testimonios J.26 |
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Somos Gaby y Gustavo Pueta,
estamos por cumplir 20 años de casados y tenemos
cinco hijos. Nos pidieron que compartiéramos con
ustedes nuestro testimonio de lo que vivimos en nuestra
Jornada 26.
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